En un
entorno como este, la cultura en el Perú se enfrenta constantemente contra un
enemigo a veces imposible de superar y ese es el mismo, aunque en los últimos
años se han ido formando nuevos actores, mediadores
entre los agentes y los demás elementos de los procesos productivos culturales[1], hoy
llamados Gestores Culturales, se siguen enfrentando a agentes que a veces hacen
casi imposible el mantenimiento y conservación de la cultura, pero lo bueno es
que en la actualidad este papel ya no solo recae en literatos o actores, sino
también en profesionales de otros disciplinas, especialidades y distintas
habilidades, para crear políticas importantes en la formación de la vida
humana.
La realidad peruana en torno a este ámbito es clara, el estado tiene
un total y desvergonzado desinterés, pero para entender mejor, redefinamos la
interpretación de cultura.
Para la mayoría de peruanos las acciones culturales están enfocadas a
un solo sector; figuras públicas, personajes intelectuales y personas de un
alto rango social o en algunos casos son vistas algo aburridas y como no
percibimos una “verdadera ganancia económica” detrás simplemente la
desestimamos, cuando, al contrario, la cultura es toda expresión, habito o
costumbres de una comunidad y todas las actividades que giran en torno a estas,
por lo tanto es ilógico pensar que “no sirve” además de trabajar con varias
disciplinas sociales. En general la cultura es todo, bienes inmuebles o
muebles, artes, costumbres o tradiciones.
Ahora hablemos de otro factor, la concepción antigua de desarrollo,
influenciada claramente por el neoliberalismo, que aunque en sus inicios se
creó como un modelo de igualdad, a través de los años se transformó en un
modelo de desigualdad en la distribución de riquezas, por lo que podemos decir
que no está funcionando. Si bien en el Perú ha ido teniendo un crecimiento
económico, las brechas sociales siguen siendo las mismas, estas alimentadas con
la idea de que si no vemos ingresos rápidos simplemente no nos sirve, no es
“productivo”. Idea totalmente errónea ya que como mencione antes la cultura es
parte de nuestro día a día y negar la importancia de nuestros hábitos es
negarnos a nosotros mismos.
Para resumir el estado no ha estado relacionando
desarrollo y cultura dentro de una misma oración, más bien simplemente ha
dejado de lado la segunda y aunque en los últimos años se está empezando a
tomar conciencia de la importancia de trabajar con ambos conceptos, aún queda mucho
por avanzar y mejorar. La UNESCO ha sido bastante clara en sus últimos informes
“no existe un verdadero desarrollo sin que la cultura este detrás”[2]. Solo
hay que mantener la esperanza que no se quede en solo informes e iniciativas.
Ahora regresemos a la problemática de un Gestor
cultural, ya mencionamos las erróneas percepciones que la sociedad peruana
mantiene de Desarrollo y Cultura, pero no son solo las malas concepciones
sociales lo que enfrenta un gestor, son varios los problemas que se presentan,
empezando con la administración pública, desde las municipalidades hasta el
mismo palacio de gobierno, puedo mencionar varios, pero abordare los más
puntuales; No hay presencia del estado y las leyes simplemente no perduran, no
existe apoyo o no les interesa escuchar las necesidades de una comunidad,
aunque esto no sea algo exclusivo en nuestro país, es algo con lo que se debe
siempre luchar, la falta de información, de transparencia en sus cuentas y
sobre todo una falta de medición de impacto o estadísticas, hay que mencionar
la importancia que debe de tener mantener una cuenta satélite, además de que no
se cuenta con los elementos o herramientas suficientes para un seguimiento
adecuado a las actividades y expresiones culturales y para terminar las limitaciones que tienen que sufrir las
sociedades civiles (ONG) y la falta de trabajo en conjunto. Son muchos y
extensos los retos que un gestor cultural debe de enfrentar en un contexto tan
diverso y complejo como lo es el Perú. Saber que nuestra función es vital para
una difusión y mantenimiento en las expresiones culturales, hace mantener vivo
nuestra identidad como nación y sobre todo tener más claro nuestro rol.
Para un Gestor Cultural las definiciones
desarrollo, cultura, intercultural y pluricultural deben de estar más que claras.
En el caso de la primera definición existe una nueva concepción la cual se basa
en la ampliación de las capacidades y opciones de las personas relacionado
directamente a la idea de que todos los individuos deben ser beneficiados del
desarrollo en comunidad, para la segunda, como se dijo anteriormente es
cualquier acción o expresión que contribuye a fortalecer la independencia, la
soberanía y la identidad de una nación.[3]
Con respecto a la tercera y cuarta definición, se definen como el desarrollo e
interaccione e influencias entre diferentes culturas, agregando respeto,
tolerancia resaltando la diversidad.
Los conceptos como se mencionó antes son
importantes, pero sobretodo saber o entender bien las dimensiones que debe de
abordar un gestor, que va desde lo socio-cultural, económico, tecnológico hasta
político que debe siempre trabajar sobre esas perspectivas porque nos permitirá
tener una visión más completa y panorámica de la problemática o iniciativa.
Además, las capacidades que debe desarrollar un gestor cultural implica ir más
allá de políticas de estado, incluye capacitación constante, tratar de crear
puentes entre el estado y la sociedad civil, planificar estrategias a la largo
plazo, promover la participación ciudadana y propiciar un dialogo abierto.[4]
Todo esto se menciona porque el camino para un desarrollo sostenible se
construye no solo con ideas, si no con planes complejos y perdurables.
La necesidad de reconocer una propia identidad en
los peruanos marcados por una clara influencia de que todo lo externo es mejor,
no nos permite darnos cuenta de que nuestras diferentes expresiones culturales
son lo que realmente nos representa como nación. Incluso la misma definición de
cultura se nos hace lejana, muy exclusiva o hasta privilegiada. Es el poco
valor que le damos a nuestras expresiones o hábitos que podemos tener en
nuestro día a día, lo que nos convierte en ignorantes del valor que se tiene
como comunidad.
Reconocer o en el caso más claro saber la
definición de interculturalidad y pluriculturalidad puede ser el factor clave
de un cambio consiente en nuestro propio valor para llegar a un verdadero
desarrollo sostenible y social y como gestores culturales es nuestro deber
crear el puente para la integración verdadera de todos.
Andrea
Zeballos.
Universidad de Buenos Aires
[2]Cultura y Desarrollo: Evolucion y Perspectivas – Maider
Maraña
UNESCO Etxea
México D.F. ( 1982)

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